La maga bordó
en el violáceo árbol castaño,
que se extiende
por todo mi lado derecho,
el granate cerúleo
de mi presente;
solo el burdeos
que escurre en el marrón de mi hombro
arrebata sútil
mi sanguíneo precipitado.
solo el roce del añil y sus hojas
intuye,
como ajná y el mándala,
la sustancia de aquellos roces
¿Qué más queda
si el calipso resultante
detiene la fractura a la clavícula;
si el bermellón fresco al centro de mi mano
conjura estas palabras y las mancha;
si aquí ya quedó, por siempre
el óxido de la planta de mi pie?
y esta cabeza, Mayra,
perseguida siempre
por el negro ébano
que es este agujero tapado por cabello;
Dime tú
¿qué sería del pequeño
si no le cubro la desgracia un poco,
si no le otorgo el cobalto que he guindado
de tu cuello y de tus senos
y un poco del bordó
que tu voz me regaló?