6.15.2009

no que no

-No dilatan.
dijo la señora.

Y luego él joven que entró, lloró porque el señor que nisiquiera se presentó, le tocó la muñeca con las dos manos. Le retorció los huesos con palmas sucias y huellas digitales que combatían su vejez. Y luego, la señora, asomada, supo que era momento de parar. Y él señor paró. Todo fue pasado. Y luego le dieron ganas al llorón, de dormir en una cama que apenas conocía, que no era suya, que nunca había visto, y que dificilmente lo iba a soportar. No supo por qué. Pero en eso quedó.

Él se fue, el señor lavó sus manos, todo fue pasado. La señora tiró la mesa, y a la abuela le dieron unas ganas tremendas de reir, y de decir, como siempre:

-Ya pasó.

Simultaneamente a esto, un niño sin playera, acostado en una cama matrimonial, descubrió que la parte de su cuerpo a la que mas frío le da, es, sin duda, la espalda.

Autorretrato I

 una cámara no es un ojo y sin embargo lo intenta cada vez que a tientas nos adueñamos  de las miradas ajenas que nos proporciona  una dista...