9.12.2011

Nocturno urdimbre.

Es el impuslo
que estos dedos sienten
al contacto con aquellas cuerdas
-que me pertenecen ahora,
tanto como a este trapecio que vibra-
las que me hacen gritar para dentro
a la mitad de una madrugada de septiembre póstumo.

Es el camino del puente metálico
sus torres de madera
y el polvo ahogado en mis uñas
los que hacen bailar a estas falanges
que cubren con una sombra intermitente
el deslizamiento de mis piernas por debajo

y al mismo tiempo
esta caja plana,
resonante como mi pecho en brama,
recae en silencio
-igual que mi voz temprana-
al dormitar
del ultimo de mis huesos en estallido.

Autorretrato I

 una cámara no es un ojo y sin embargo lo intenta cada vez que a tientas nos adueñamos  de las miradas ajenas que nos proporciona  una dista...